La uremia se refiere a niveles elevados de urea en la sangre, una parte importante de la orina. Ocurre cuando hay un extra de urea y creatinina, resultados del metabolismo de aminoácidos y proteínas saludables, que generalmente se eliminan en la orina. El trastorno urémico es el término utilizado para describir el síntoma científico de la insuficiencia renal, definida por signos, síntomas y también resultados de laboratorio de investigación irregulares resultantes de las funciones excretoras, reguladoras y también endocrinas deficientes de los riñones. La uremia se utiliza a menudo mutuamente con el trastorno urémico para describir un alto foco de urea plasmática derivada de la insuficiencia renal.
La azotemia es una afección mucho menos grave identificada por niveles elevados de urea, que puede medirse químicamente pero no genera signos y síntomas sustanciales. La uremia representa las manifestaciones sintomáticas y patológicas de la azotemia grave.
La uremia puede crearse en cualquier fase de la disfunción renal moderna. Aproximadamente 8 millones de personas en EE.UU. con una tasa de filtración glomerular (GFR) inferior a 60 ml/min y una función renal inferior al 50% pueden presentar signos y síntomas urémicos. Detectar la función renal dañada puede ser difícil, ya que signos y síntomas como el agotamiento pueden ser poco claros. Las opciones terapéuticas consisten en diálisis, trasplante renal o control de signos y tratamiento convencional.
Los indicadores tradicionales de uremia consisten en debilidad progresiva, cansancio, anorexia nerviosa, degeneración muscular, temblores, función mental anormal, respiración superficial, así como acidosis metabólica. Si se deja desatendida, la uremia avanza, así como puede conducir al asombro, coma y muerte. Dado que la uremia es principalmente un efecto de la insuficiencia renal, sus síntomas y signos suelen ocurrir junto con varias otras indicaciones relacionadas con la insuficiencia renal.
La uremia afecta a diferentes sistemas y también órganos del cuerpo, que consisten en los sistemas nervioso principal y periférico, sistema gastrointestinal, sistema hematológico, sistema cardiovascular, piel, sistema endocrino, sistema esquelético, alimentación y también resistencia. La tasa de filtración glomerular (GFR) desempeña una función vital a la hora de establecer el pronóstico, ya que una GFR más baja sugiere un resultado final aún peor. La diálisis puede revertir temporalmente algunos de los impactos relacionados con la reducción de la GFR.
El síndrome recurrente es una afección que no pone en peligro la vida y que se observa en personas que se someten a diálisis. Muestra impactos tóxicos similares a los observados en la uremia. Varios elementos contribuyen al crecimiento del síndrome residual, como la acumulación de solutos mal dializados, los resultados tóxicos directos de la diálisis y la acumulación de sustancias eliminadas de forma incompleta por la diálisis. Los pacientes de diálisis de larga duración pueden experimentar trastornos físicos y cognitivos, altas tasas de mortalidad y también una baja calidad de vida.

La uremia puede tener causas prerrenales, renales o posrenales. La azotemia prerrenal se produce por una disminución de la circulación sanguínea a los riñones o por un aumento de la producción de urea en el hígado. Las causas renales se deben a una disminución de la función renal, como la insuficiencia renal aguda y crónica, la glomerulonefritis y otras enfermedades renales. Las causas posrenales se deben a una disminución de la eliminación de urea, así como a una obstrucción del flujo urinario.
El diagnóstico médico de la uremia implica una historia clínica detallada, un examen médico, análisis de sangre, análisis de orina y pruebas radioisotópicas. Los análisis de sangre miden los niveles de urea, creatinina y electrolitos, así como otros criterios. Exámenes de orina revisan el aclaramiento de creatinina y también examinan la presencia de proteínas saludables, sangre, así como el pH. Los controles radioisotópicos ayudan a identificar la tasa de purificación glomerular (GFR).
La uremia se produce debido a la acumulación de diversos compuestos en el organismo, varios de los cuales pueden ser nocivos. Se han identificado más de 90 sustancias diferentes, como péptidos, guanidinas, fenoles, indoles, aminas alifáticas, polioles, nucleósidos, ácidos dicarboxílicos, carbonilos y contaminantes urémicos. Las toxinas urémicas se refieren a compuestos biológicamente activos conservados debido a problemas renales. La urea, el metabolito más conocido, podría no crear directamente los signos asociados a la uremia. La función precisa de la urea y otros compuestos en los daños relacionados con la uremia no se conoce totalmente.
Los pacientes con uremia pueden mostrar manifestaciones orales, como gusto y olor a amoníaco, estomatitis, gingivitis, disminución de la circulación salival, boca completamente seca, parotitis y escarcha urémica. Las evaluaciones orales periódicas son importantes para los pacientes con falta de riñón, teniendo en cuenta su mayor sensibilidad a las infecciones, hemorragias, así como la curación lenta de las lesiones. Los odontólogos deben coordinarse con los nefrólogos para garantizar la correcta planificación del tratamiento y el control de los fármacos. Deben tomarse precauciones para evitar hemorragias excesivas, controlar las infecciones y adoptar una posición adecuada durante los procedimientos dentales. Algunos medicamentos pueden requerir cambios en la dosis o evitarse debido a la discapacidad renal.
Comprender los antecedentes, los síntomas y el tratamiento de la uremia es fundamental a la hora de atender a pacientes con insuficiencia renal. Al resolver los problemas de salud bucodental y colaborar con los expertos médicos, los odontólogos pueden contribuir al bienestar total de estos pacientes.
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