La mastografía es un estudio radiológico fundamental para la detección temprana del cáncer de mama. Aunque su eficacia está ampliamente respaldada por la comunidad médica, muchas mujeres posponen o evitan este examen por temor al dolor o la incomodidad que puede generar. Es importante abordar de forma clara y objetiva qué se puede esperar durante una mastografía y cuál es el nivel real de molestia asociado a este procedimiento.
Percepción del dolor durante la mastografía
La experiencia de dolor o incomodidad durante una mastografía varía considerablemente entre pacientes. Algunas mujeres refieren solo una leve presión, mientras que otras pueden sentir un dolor moderado, especialmente si tienen senos sensibles, presentan tejido mamario denso o están en una fase particular de su ciclo menstrual.
Durante el estudio, cada mama se coloca entre dos placas que la comprimen para obtener imágenes claras del tejido interno. Esta compresión es breve y dura apenas unos segundos, pero puede generar sensación de presión intensa. La finalidad de este paso es reducir la cantidad de radiación necesaria y mejorar la calidad diagnóstica de las imágenes.
Factores que influyen en la incomodidad del procedimiento
La sensibilidad mamaria puede aumentar antes del inicio del periodo menstrual debido a los cambios hormonales, por lo que se recomienda realizar la mastografía en la primera mitad del ciclo. Además, el umbral de dolor varía entre personas y puede estar influenciado por factores como la ansiedad, el estrés, la posición corporal y la experiencia previa con estudios similares.
La presencia de implantes mamarios también puede modificar la sensación de presión, aunque los equipos modernos y el personal capacitado están preparados para adaptar el procedimiento a estas circunstancias. Por otro lado, el uso de desodorantes, talcos o cremas en la región axilar puede interferir con las imágenes y no con la percepción del dolor, por lo que su uso debe evitarse el día del estudio.
Mejoras tecnológicas y atención humanizada
Los avances en tecnología médica han permitido el desarrollo de mamógrafos digitales y equipos de mastografía 3D que optimizan la calidad de imagen y reducen el tiempo de exposición, lo cual contribuye a una experiencia más tolerable. Además, muchos centros de imagen cuentan con personal capacitado en brindar atención sensible y empática, lo que disminuye la ansiedad y mejora la colaboración de la paciente durante el estudio.
El profesionalismo del técnico radiólogo, así como la explicación clara del procedimiento, son fundamentales para generar confianza y reducir el miedo asociado a la mastografía. Cuando el estudio se realiza en un ambiente seguro y con el acompañamiento adecuado, las molestias suelen ser mínimas y pasajeras.
Priorizar la salud mamaria implica realizarse este estudio de forma periódica, aún si conlleva una leve incomodidad. Detectar a tiempo una lesión puede marcar la diferencia en el tratamiento y pronóstico. Atiende tu bienestar integral: agenda tu mastografía y considera complementar tu revisión médica con una prueba de laboratorio que te permita conocer a fondo el estado de tu organismo.
