En una emergencia médica, el tiempo es el factor más importante. Cada minuto que pasa sin atención durante un paro cardíaco reduce significativamente las posibilidades de sobrevivir. Por ello, los desfibriladores automáticos se han convertido en una herramienta esencial en la cadena de supervivencia. Sin embargo, todavía existen muchas dudas sobre quién puede utilizarlos, si se necesita formación médica o si su uso implica algún riesgo. Este artículo aclara los principales mitos y presenta las realidades que rodean a estos dispositivos que salvan vidas.
¿Qué son los desfibriladores automáticos y cómo funcionan?
Los desfibriladores automáticos externos (DEA) son dispositivos portátiles diseñados para analizar el ritmo del corazón y, si es necesario, aplicar una descarga eléctrica que permita restablecer su funcionamiento normal. Están especialmente diseñados para ser utilizados por cualquier persona, incluso sin experiencia médica previa.
Al encender el dispositivo, una voz guía al usuario paso a paso: indica cómo colocar los parches o electrodos en el pecho de la persona, analiza el ritmo cardíaco y determina si se requiere una descarga. Si se necesita, el desfibrilador lo dirá claramente y la descarga se administrará de forma automática o mediante la activación de un botón, según el modelo.
Mito 1: “Solo los médicos o paramédicos pueden usar un DEA”
Uno de los errores más comunes es pensar que los desfibriladores automáticos solo pueden ser utilizados por personal capacitado del sector salud. La realidad es que estos dispositivos están diseñados para que cualquier persona pueda intervenir en una situación de emergencia. De hecho, su principal propósito es que puedan ser usados en los primeros minutos, antes de que llegue la ambulancia.
Los DEA cuentan con indicaciones visuales y auditivas muy claras. No hay forma de aplicar una descarga si no es necesaria, lo que evita errores. Incluso un niño mayor de 10 años, siguiendo las instrucciones correctamente, puede operar un DEA en caso de urgencia.
Mito 2: “Usar un desfibrilador automático puede causar daño si se hace mal”
Este mito genera miedo en muchas personas y puede hacer que duden antes de actuar. La realidad es que los desfibriladores automáticos están diseñados con múltiples mecanismos de seguridad. Si el ritmo cardíaco no requiere una descarga, el dispositivo simplemente no la aplicará, aunque el usuario lo intente.
El DEA analiza el ritmo cardíaco antes de cada descarga y no responde si el ritmo es normal o si la víctima está respirando. De esta forma, el dispositivo protege tanto a la persona afectada como al usuario.
Además, no es necesario quitar objetos metálicos pequeños, como collares o anillos, ni afeitar el pecho del paciente en la mayoría de los casos. Basta con colocar los electrodos en la posición indicada para que el aparato funcione correctamente.
Mito 3: “Puedo ser demandado si uso un DEA y algo sale mal”
Este es un temor que impide que muchas personas actúen. Sin embargo, en numerosos países existen leyes que protegen a los ciudadanos que brindan asistencia en una emergencia, conocidas como “leyes del buen samaritano”. Estas leyes respaldan a quienes, actuando de buena fe, intentan salvar una vida utilizando un desfibrilador automático.
El objetivo es fomentar la participación de la comunidad y reducir el miedo a intervenir. Actuar rápidamente en una situación de paro cardíaco puede duplicar o triplicar las probabilidades de supervivencia. Por lo tanto, el uso de estos dispositivos debe verse como un acto de ayuda, no como una responsabilidad legal.
Mito 4: “Los DEA son difíciles de usar”
La interfaz de un DEA está pensada para ser lo más simple posible. Desde que se enciende el equipo, el dispositivo guía al usuario paso a paso, con instrucciones de voz claras que indican qué hacer en cada momento. No es necesario tener conocimientos técnicos ni médicos, y no se requiere entrenamiento formal.
Los desfibriladores automáticos también cuentan con ilustraciones o pantallas que muestran cómo colocar los electrodos, lo cual refuerza las instrucciones auditivas. Algunos modelos incluso ofrecen retroalimentación en tiempo real sobre la calidad de las compresiones torácicas durante la reanimación cardiopulmonar (RCP), lo que ayuda a mejorar la eficacia de la maniobra.
¿Qué tipo de formación es recomendable?
Aunque no se necesita estar certificado para usar un desfibrilador automático, sí es recomendable recibir una capacitación básica en primeros auxilios y RCP. Muchas instituciones ofrecen cursos cortos donde se enseña cómo actuar en una emergencia, cómo hacer compresiones torácicas efectivas y cómo utilizar un DEA.
Esta formación brinda mayor seguridad y confianza, especialmente para quienes trabajan en espacios públicos, instituciones educativas, empresas o centros deportivos. La combinación de RCP y desfibrilación temprana es la clave para aumentar la tasa de recuperación tras un paro cardíaco.
Niños, adultos mayores y personas con discapacidad: ¿también pueden usar un DEA?
Sí. Cualquier persona que pueda seguir instrucciones puede utilizar un desfibrilador automático. Algunos modelos incluso cuentan con un modo pediátrico o electrodos especiales para niños menores de ocho años o con bajo peso corporal. Esto permite que el dispositivo ajuste la intensidad de la descarga al tamaño del paciente.
En el caso de adultos mayores o personas con discapacidad, también es posible capacitarse y aprender a usar un DEA, siempre y cuando tengan la capacidad de comprender y ejecutar los pasos básicos. La clave está en promover una cultura de prevención e inclusión.
Espacios que deben contar con DEA accesibles
La presencia de desfibriladores automáticos en lugares públicos y privados es una estrategia probada para salvar vidas. Se recomienda instalarlos en:
- Aeropuertos y terminales de transporte
- Centros comerciales
- Oficinas y edificios gubernamentales
- Escuelas y universidades
- Estadios y gimnasios
- Hoteles y centros turísticos
- Parques y espacios recreativos
En estos entornos, los DEA deben estar señalizados, visibles y fácilmente accesibles. Además, debe designarse personal que verifique su estado regularmente para asegurar que estén siempre listos para usarse.
La importancia de perder el miedo a actuar
Un paro cardíaco puede ocurrir en cualquier lugar, en cualquier momento y afectar a cualquier persona. En esas circunstancias, la rapidez con la que alguien actúe es determinante. No es necesario ser un profesional de la salud para marcar la diferencia. Lo importante es reconocer la emergencia, iniciar maniobras de reanimación y usar el DEA tan pronto como sea posible.
Los desfibriladores automáticos son aliados silenciosos que esperan en estaciones, centros comerciales y escuelas, listos para dar una segunda oportunidad. Pero su efectividad depende de una comunidad informada y dispuesta a actuar. Derribar mitos y reforzar la realidad de que cualquier persona puede usarlos es un paso esencial para construir entornos más seguros para todos.