La tomografía computarizada es una técnica de imagen médica que ha revolucionado el diagnóstico clínico por su capacidad de obtener imágenes internas del cuerpo humano con alta resolución. Utiliza rayos X en combinación con un software computarizado para generar cortes transversales que permiten observar órganos, tejidos y estructuras óseas con gran detalle. Sin embargo, su uso durante el embarazo genera dudas legítimas debido a la exposición a radiación ionizante.
La seguridad del feto es una prioridad en el abordaje médico de toda paciente embarazada. Por ello, la indicación de estudios como la tomografía requiere un análisis cuidadoso del riesgo-beneficio, considerando la etapa gestacional, la urgencia clínica y las posibles alternativas diagnósticas.
¿Qué implica la exposición a radiación durante el embarazo?
La radiación ionizante, como la que se utiliza en la tomografía, tiene la capacidad de alterar el material genético de las células. En el contexto del embarazo, la preocupación principal se centra en los efectos que esta radiación pueda tener sobre el desarrollo del embrión o el feto.
El riesgo depende de varios factores: la dosis total de radiación, el área del cuerpo expuesta y el momento de la gestación en el que se realiza el estudio. En etapas tempranas del embarazo, particularmente entre la tercera y la octava semana, los órganos del feto están en formación, lo que puede hacerlo más susceptible a daños si se expone a radiación significativa.
No obstante, la mayoría de las tomografías que no incluyen directamente el abdomen (como las de cráneo, cuello, extremidades o tórax) implican una dosis mínima de radiación para el útero, y los riesgos para el feto en estos casos son muy bajos. Además, los equipos modernos utilizan técnicas de reducción de dosis y blindajes especiales para proteger las zonas sensibles del cuerpo materno.
Indicaciones estrictas para una tomografía en mujeres embarazadas
La tomografía se reserva para situaciones en las que el beneficio clínico supera claramente el riesgo potencial. Es decir, cuando el estudio es imprescindible para el diagnóstico o el tratamiento inmediato de una condición materna que puede afectar también la salud del feto.
Algunas de las situaciones que podrían justificar una tomografía durante el embarazo incluyen:
- Traumatismos severos, especialmente con sospecha de hemorragias internas, fracturas o daño en órganos vitales.
- Embolia pulmonar, cuando se requiere confirmar la presencia de coágulos en los pulmones.
- Apendicitis complicada, en pacientes con dolor abdominal agudo que no puede resolverse con ultrasonido o resonancia magnética.
- Crisis neurológicas, como pérdida súbita de conciencia, accidentes cerebrovasculares o traumatismos craneales, donde una tomografía de cráneo puede ser crucial.
- Sospecha de enfermedades oncológicas o infecciosas graves, cuando se necesita determinar la localización y extensión de una lesión.
En todos estos casos, se prefiere realizar el estudio fuera del área abdominal o pélvica cuando es posible, y se utilizan medidas de protección adicionales como delantales de plomo para minimizar la exposición uterina.
Alternativas seguras durante el embarazo
Antes de indicar una tomografía, los médicos consideran otras modalidades de imagen que no implican radiación ionizante. Las más utilizadas en pacientes embarazadas son:
- Ultrasonido obstétrico o abdominal: método seguro y no invasivo que permite evaluar órganos pélvicos, abdominales, fetales y estructuras vasculares. Es la primera opción en la mayoría de los casos.
- Resonancia magnética (RM): no utiliza rayos X y ofrece imágenes de alta calidad. Puede realizarse sin contraste en cualquier etapa del embarazo, especialmente cuando el ultrasonido no proporciona información suficiente.
- Radiografías simples: aunque también usan rayos X, la dosis es mucho menor que en una tomografía. Su indicación es más limitada, pero puede considerarse en ciertas circunstancias bajo protección adecuada.
La elección del estudio dependerá del tipo de patología sospechada, la urgencia clínica y la disponibilidad del equipo diagnóstico en el centro médico.
Toma de decisiones clínicas compartidas
Cuando se plantea realizar una tomografía en una paciente embarazada, el proceso debe ser transparente, informado y participativo. El médico tratante explica en detalle por qué se recomienda el estudio, cuáles son los riesgos estimados y qué medidas se tomarán para proteger al feto.
El consentimiento informado en estos casos es esencial. La paciente debe entender claramente que la prioridad es preservar su salud, lo cual a su vez contribuye a mantener el bienestar fetal. En muchas ocasiones, postergar un diagnóstico por temor a la radiación puede tener consecuencias más graves para ambos.
Además, en centros de diagnóstico especializados, el personal técnico está entrenado para adaptar los protocolos de estudio en mujeres embarazadas, utilizando la menor dosis posible de radiación y limitando el campo de exposición.
Dosis estimadas y riesgos reales para el feto
Según diversas guías internacionales, una exposición fetal inferior a 50 miligrays (mGy) no se asocia con un aumento significativo del riesgo de malformaciones congénitas, retraso en el desarrollo neurológico o cáncer infantil. La mayoría de las tomografías realizadas fuera del abdomen exponen al feto a dosis muy inferiores a ese umbral.
Por ejemplo, una tomografía de cabeza o cuello implica menos de 1 mGy de exposición para el útero, mientras que una tomografía torácica completa podría alcanzar entre 1 y 3 mGy, dependiendo del equipo utilizado. En cambio, estudios que involucran directamente el abdomen o pelvis pueden superar los 10 mGy, y deben analizarse con mayor precaución.
Los médicos radiólogos colaboran con los obstetras y especialistas tratantes para calcular las dosis estimadas y asesorar sobre la seguridad del estudio, adaptando el protocolo a cada caso.
Papel del especialista en imagen y del médico tratante
El trabajo conjunto entre el médico tratante y el radiólogo es esencial en la atención de pacientes embarazadas que requieren una tomografía. El radiólogo evalúa si existe una alternativa diagnóstica con menor riesgo, ajusta el protocolo de imagen al mínimo necesario y colabora en la interpretación del estudio con enfoque clínico.
El médico tratante, por su parte, toma decisiones basadas en la urgencia y la necesidad de información diagnóstica inmediata. En enfermedades graves o de rápida progresión, contar con un diagnóstico certero puede hacer la diferencia en el pronóstico materno y fetal.
Ambos profesionales deben mantener una comunicación clara con la paciente, respetando sus decisiones y brindando información basada en evidencia científica.